No quería mirar hacia atrás. No quería ver el rostro nervioso de sus padres. No quería que los nervios terminaran de apoderarse de su cuerpo. Pero debía hacerlo. Sentía la necesidad de correr a los brazos de su madre, aun sabiendo la desesperación que eso le causaría. No quería sentir débil. Era algo que nunca había tolerado.
Cerró los ojos y llenó sus pulmones de aire. Se dio media vuelta y se topó con los ojos cristalinos de su madre y la sonrisa apretada de su padre. Ella les sonrió, como siempre solían hacer, necesitaba decirles que todo estaría bien.
– Todo va a estar bien, solo es un años – se repetía sin sospechar que esas mismas palabras rondaban la cabeza de su madre, quien en un intento de aferrarse a la esencia de su hija, la abrazaba con toda la fuerza de la que se sentía capaz.
Levantó la mirada para contener las lágrimas que amenazaban con destrozar su impecable apariencia.
Recordó aquellos rostros humedecidos que la despidieron con abrazos y una sonrisa tatuada.
– Debo irme – miró a sus padres, imitando las sonrisas que acababa de recordar.
Miró hacia adelante, esperanzada, llena de ilusión e incluso de miedo. Su gran aventura estaba por comenzar.
No puedo creer que el momento llegara. Todo ha pasado muy rápido. Tal vez demasiado no puedo creer que estés por irte.
Estoy orgullosa de ti, porque a pesar de que solo han pasado dos años desde que nos conocimos, siento que lo hacemos desde hace quince. En este tiempo, me he dado cuenta de lo luchadora que eres, de como no dejas de pelear hasta que alcanzas tus objetivos, por más lejos que se encuentres. Y ahora, gracias a eso, ¡Mírate! A punto de iniciar una de las que promete ser de las mejores aventuras de tu vida.
No puedo creer que estemos por decirnos adiós, y, por más que me repito que no será para siempre, que solo será un año, no puedo evitar que un inmenso nudo se forme en mi garganta amenazando con dejarme sin respiración.
Te voy a extrañar, muchísimo. Porque en este mundo lleno de desconocidos, tú te detuviste para conocerme un poquito mejor. Me vas a hacer falta, porque eres una de las personas que saben qué es lo que se esconde debajo de mi piel. Me harán falta esos múltiples abrazos que tal vez, sin quererlo, me dan un empujoncito para seguir con el día. Gracias por tenderme la mano sin detenerte a preguntar.
Gracias, prima, porque mi vida ha dado un vuelco radical, y sé, que tú eres una de las personas que tuvieron que ver en ello. Porque siempre me regalaste una sonrisa y me contagiaste con tus ganas de salir adelante.
Disfruta mucho de este sueño que esta por hacerse realidad. Sigue soñando, amando y disfrutando. Todos tus amigos, nos quedaremos esperando el día de tu regreso.
Ten en cuenta que tu vida podría estar a punto de cambiar completamente, fuera de tu país, tan lejos de tu hogar y de tus seres queridos.
Por favor, prométeme que paso lo que pase, no dejarás de soñar ni de ir tras esos sueños.
Te deseo lo mejor, pero no solo hoy, sino todos los días de tu vida.
Recuerda que estaré esperando con los brazos temblorosos y llenos de ansias por abrazarte una vez más.
Te quiero, prima. Hoy y siempre. Por todos los recuerdos que guardo y por los que, seguramente, a tu regreso, podremos crear.
Te quiere
Abi
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