Sintió un fuerte dolor en los ojos cuando el amanecer entró por su ventana, por entre las persianas abiertas y el vidrio cuarteado. Sintió su cuerpo pesado y un zumbido constante le taladraba la cabeza.
Luchando contra los estragos del alcohol que había consumido la noche anterior se enderezó permitiendo que sus pulmones se llenaran con un asqueroso aroma a sudor, vómito y cigarro.
Tosió un par de veces y bajó los pies de la cama encontrándose con un cuerpo desnudo recostado en el suelo. Logró ponerse de pie y observo los cuerpos semidesnudos de tres chicas, dos en la cama y uno tirado, justo junto al de su amigo.
Múltiples imágenes en diferentes tonalidades de gris llegaron a su mente, resolviendo todo e intensificando el dolor de cabeza. Se veía a él borracho, inclinado sobre el escusado, con vasos en las manos y con chicas de las cuales no recordaba el nombre. También la vio a ella. Sonriente, pudo sentir su aroma y escuchar su risa. Sintió su corazón envuelto en un frío que empezaba a volverse familiar.
Se acercó a la ventana esquivando botellas y colillas de cigarro, miró hacia afuera a través del cristal roto. Pudo ver a unos niños jugando y a su madre llamándolos para que caminaran a su lado. Miró hacia el frente y se topó con el reflejo de su mirada. La contempló por unos segundos. Se vio indiferente. Vacío. Casi como la mirada de un muerto.
- Lo siento.
Cerró los ojos con fuerza y tomó una botella de vodka de la que bebió hasta que no quedó una gota.
- No puedo hacer esto.
Volvió a mirar su reflejo por última vez y se acostó en la cama esperando que un sueño profundo llegara por él.
Conty
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