La vida es frágil, tan frágil, que puedes perderla en
cuestión de segundos. Tal vez sea duro, pero es la verdad, de un momento a otro
te encontrarás cara a cara con la muerte, ella te abrazará e intentará
llevarte. Tú lucharás, tal vez consigas otra oportunidad, tal vez no. Es una
señora impredecible. Habrá algunas veces en la que tú te encargarás de
buscarla, y otras, en las que te esconderás, pero cuando llegue el momento y
ella te encuentre, lo aceptarás, le darás la mano, gustoso de irte con ella. La
verás como una amiga y no como una enemiga.
Yo muchas veces la he buscado, pero como toda mujer, es
astuta y no me ha dejado verla.
Hoy, me pregunto, ¿Qué se siente saber que ella viene? Verla
acercarse, con una sonrisa que para ella significará confianza mientras que
para ti dolor y agonía. ¿Cómo será saber que el final se acerca?
Su semblante cambió, el brillo de sus ojos desapareció casi
de inmediato, se llenaron de lágrimas, su voz estaba rota, solo se le
escuchaban esporádicos “si” “no” “¿cómo está?” y para terminar, “mañana mismo
voy para allá”.
Colgó el teléfono y lo colocó despacio sobre la mesa. Su
mirada estaba gacha, intentaba ser fuerte, pero no lo logró. Que duro me
resultó ver llorar, a una de las personas más fuertes que he conocido. Mi
abuelo. Su rostro, marcado por la edad se oscureció, levantó la mirada y miró a
mi madre – ella está muy mal – casi no pudo pronunciar la última palabra. El
nudo en su garganta amenazaba con asfixiarlo.
Yo esperaba una respuesta, atónita e impaciente, necesitaba
saber que era lo que estaba pasando.
Él se levantó de la mesa y camino alrededor de nosotras, la
angustia lo carcomía por dentro, y yo maniatada, sin saber si quiera que decir,
no sabía si moverme o no, tal vez, si lo hacía, la tensión podía haber
aumentado.
– Mi mamá está muy grave – inspiré profundo al escuchar la
noticia. Sé que es raro, que alguien conozca a sus bisabuelos, pero yo lo hice.
La noticia me cayó como un balde de agua helada, me dolía,
pero tenía que ser fuerte, mi abuelo necesitaba que mi mamá y yo estuviéramos
en calma para tener de qué apoyarse.
– Tranquilo – al parecer yo no era la única que no sabía que
decir, pero al menos, ella lo intentaba – ve por la lap – me pidió. Inmediatamente
me levante y caminé dando una vuelta por la mesa, subí el escalón que lleva a
la sala y al hacerlo bajé la cabeza, debía mantenerme en pie, el minuto que
tardara en subir y bajar las escaleras me ayudaría a respirar profundo y
calmarme, aplacar mi voz y acostumbrarme a la sombría mirada de mi abuelo.
Al llegar a mi cuarto respiré profundo. Tomé la computadora
y regresé. Mi abuelo estaba sentado en el lugar que hacía unos pocos segundos
yo había abandonado, mi madre, tenía una tarjeta de crédito, y credenciales de
mi abuelo junto a ellas. Le di el aparato y me hice a un lado sin volver a
sentarme.
Miré a mi abuelo, aún sin decir nada pero intentando
consolarlo con la mirada.
–Tu abuelita está muy mal –.
–Sí – fue mi brillante respuesta. ¿Por qué en momentos como
éste no sale nada más de mi boca? Me sentí terrible, mi respuesta había sido
tan… apática. Tan inhumana.
– ¿Me puedes sacar unas copias? – Asentí con la cabeza, él
se levantó y caminó hacia donde yo me encontraba, cuando estuvo junto a mí, sentí
el dolor irradiar, en grande cantidades, desde lo más profundo de su alma –
ella está muy mal – repitió, pero ésta vez me abrazó fuertemente y soltó a
llorar. Devolví el abrazo. Luché con todas mis fuerzas para que las lágrimas no
me atacaran en un momento como ese, pero una logró ganarme – mi mamita está muy
mal –. “Mamita”. El dolor en su voz golpeaba mis oídos, su pecho temblaba
debajo de mi mejilla, pude sentir, debajo de mis brazos su torpe respiración.
– Tranquilo – repetí las palabras de mi madre. Él se separó
de mí, llorando, desconsolado. Mi corazón se estremeció al verlo así.
Salí de la casa, sin ganas, con los ojos humedecidos, caminé lentamente. Parecía que por un momento el mundo se había detenido, solo el
viento soplaba secando mis húmedas mejillas. El sol me pegaba pero no me
calentaba. Estaba desconcertada, preocupada, tal vez hasta… Asustada.
Volví más rápido de lo que hubiera querido y al atravesar el
umbral de la puerta pude sentir la tensión aplastándome. Todo estaba en
silencio, el único sonido que se escuchaba era el de las teclas de la
computadora, que mi mamá presionaba con rapidez intentando buscar un boleto
para el viaje de mi abuelo.
Respeto a la muerte, me parece tan poderosa, tiene la
habilidad de cambiar lugares, estados de ánimo y ambientes en poco tiempo.
Puede dejar atónita a cualquier persona con su simple presencia. Corrompe a los
más fuertes. Asusta a los más valientes.
Señora multifacética, horrible y hermosa a la vez, temida y
adorada. Perdición de algunos y santa de otros. Que significa muerte y a la vez
vida. Para mí, simplemente una conocida que algún día se volverá mi amiga. Un
sueño profundo y, a mi parecer, eterno. Un nuevo mundo, que pocos han conocido
pero que todos vamos a conocer.
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